lunes, febrero 5

VI





Cuando nací, el único volumen en la biblioteca de mis padres era un viejo diccionario impreso en 1917. El resto, un desierto. Había que escribir muchos libros para llenar el vacío de esos estantes, para tapar el hueco. Aunque sólo fueran muchos libros fantasmas para que el hueco siguiera ahí de cuerpo presente.
(...) Leía todo el día el único libro de mi casa: aquel diccionario español impreso en 1917. Lleno de españolismos. Ahora pienso que de ahí me queda algún toque "arcaizante" en el léxico. Lo leía de la A a la Z, un poco todos los días sin saltear palabra. Casi como un misal.

Héctor Libertella, La arquitectura del fantasma.

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