domingo, febrero 11

"SIGO JUGANDO COMO DE CHICO JUGABA", fragmento de una entrevista a Juan Carlos Moisés por Osvaldo Aguirre

Juan Carlos Moisés (Sarmiento, Chubut, 1954) ha publicado "Poemas encontrados en un huevo" (1977), "Ese otro buen poema" (1983), "Querido mundo" (1988), "Animal teórico" (2004), "Museo de varias artes" (2006) y "Palabras en juego" (2006). Este es un fragmento de una entrevista realizada por correo electrónico a fines del año pasado.


-En "Palabras en juego" se habla de "una poesía que surge de la experiencia/ y una experiencia que surge de la poesía". ¿La experiencia, lo significativo de la experiencia, es perceptible sólo a la luz de la poesía? Por otra parte, en la experiencia que aparece en tus poemas hay una presencia fuerte de la infancia y el mundo familiar (sobre todo los tíos y la abuela, ¿por qué?)



-En el principio, fue la experiencia. Mi infancia fue tan vital como sea posible imaginar. Y de pronto, al final de mi adolescencia, apareció la poesía como quien se levanta una mañana y se despierta en el cuerpo de Gregorio Samsa. No tuve opciones. Podría haber seguido como si nada hubiera pasado, pero me dejé tomar la mano por la poesía y me dejé llevar. No necesité "suicidarme", como dijo Hemingway, para tener algo de qué escribir; tenía a mi infancia. La poesía es una posibilidad de recrear la experiencia, y en mi caso de transformarla en un medio de conocimiento antes que de representación, como dijera Montale.
Lo de los tíos y la abuela, porque la chacra donde ellos vivían fue mi primer hogar, indistintamente con la casa de mis padres y las calles de mi pueblo. O más, fue mi "mundo alucinante". Podría entenderse así: una poesía que surge de tíos y tíos abuelos, de mi abuela María, de mi bisabuela Lorenza, de mi bisabuelo Blas, el más dramático de todos por su actividad política, y a su vez el más secreto porque nos fuimos enterando de a poco, y por qué no de mi padre, el más divertido de la fiesta. Después se me fue imponiendo un tío ficticio, no menos real: Samuel. Con una impronta teatral, y existencial, se advertirá. Mi mujer y mis hijos, entretanto, fueron el mundo privado en formación que me sostenía, y que también podía ser escrito.



-Las reversiones y las paradojas son frecuentes en tus últimos dos libros. Hay algo o bastante de juego y de humor, pero con un toquecito kafkiano, ¿no? Uno se queda con la sonrisa a medias, intuyendo que hay algo más que el sentido inmediato.




.-La vida es un chiste contado por Kafka y actuado por Groucho. La solemnidad nunca me calzó bien. La vida no es un juego de niños, por cierto, pero sigo jugando con la escritura como de chico jugaba al fútbol, trepaba a los árboles o andaba a caballo. Sólo que la escritura también juega conmigo. En ese juego recíproco, de insospechadas tensiones, son inevitables las reversiones, las paradojas, las miradas en espejo, las contracaras, los movimientos coreográficos de las palabras, en mi caso, de uso medianamente cotidiano. El resultado son pérdidas y ganancias. Si coincidimos con Roland Barthes ("literatura es la pregunta menos la respuesta"), creo que entre el aire juguetón y el toque kafkiano se reparten en mis poemas las preguntas y las respuestas. Pero me parece que la literatura es algo más que preguntas y respuestas. Cuánto me gustaría poder lograr que el objeto llamado poema permitiera al lector poner en funcionamiento un mecanismo de percepción, y por lo pronto de reflexión, mediante el cual no tanto meramente complete lo que el autor omitió poner en el texto –que es lo de menos- sino que pudiera obtener otras combinaciones posibles.



Entrevista: Osvaldo Aguirre

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