martes, febrero 6

VIII

Parece que vino de campo adentro. Del potrero ahora abandonado. Raro, porque en general no están cerca de donde anda la gente. Y fue y se metió en el tronco hueco, el tronco muerto del paraíso.
Pero no podía quedarse ahí escondida. El Quédice la descubrió enseguida, por el olor. Se puso a ladrar como loco, los chicos lo seguían, y él iba y venía, alrededor del árbol, subía al tronco, bajaba y volvía a subir. Todo eso sin dejar de gruñir y ladrar. Quería sacarla, pero, ¿cómo iba a hacer? El agujero parecía demasiado estrecho, no sabía darse maña. Una cosa es cazar en la huella, o en la cuneta, aun en medio de los yuyos y del barro, y otra tratar de sacar algo que trata de mimetizarse con la tierra.
Los chicos gritaban, felices:
-¡Una comadreja! ¡Una comadreja!
El mayor, Facundo, alzó al Quédice y lo metió de cabeza en el tronco. Fue un momento en que los gruñidos del perro, el chillido de la comadreja, desde el fondo del árbol, y los gritos de alegría de los chicos hicieron una rara combinación.
Cuando el Quédice asomó su cabeza, tenía a la comadreja bien prendida del pescuezo. Agonizante, pero la sacudió varias veces antes de dejarla caer al suelo. Era negra y gorda, con dos franjas blancas en la cabeza.
-Una hembra –dijo el abuelo, más tarde, cuando la tuvo en el patio de la casa, ya bastante destrozada.
El Quédice se la llevó, para que la viera, como hace cada vez que tiene alguna presa para pavonearse.
*
El nombre del Quédice apuntaba a provocar una situación, que a veces se daba. Por lo menos yo la presencié.
-¿Cómo se llama el perro? –preguntó alguien.
-Quédice –respondió el abuelo.
-Que cómo se llama el perro.
-Quédice.
Y así hasta que el otro cayó.
Lo mismo con un ratonero, el Cuál:
-¿Cómo se llama?
-Cuál.
-Ese perro.
-Cuál.
-Ese.
Y así.


Osvaldo Aguirre

1 comentario:

paula dijo...

Nos gustaría que Osvaldo siga anotando.
Atte.